imageCuando se decide formar parte de la maravillosa actividad que comprende trabajar la tierra, para sembrar y cosechar los diferentes frutos que de ella podemos obtener – bien sea para un agricultor (con una importante mano de obra) que pretenda labrar grandes extensiones de tierra, o para una persona que quiera sembrar en una parcela pequeña o huerta – es necesario conocer el tipo de suelo sobre el cual se va a cultivar. Ya que de sus nutrientes y tratamiento va a depender la calidad del producto final.

Básicamente existen cinco tipos de suelos cuya composición radica en la combinación de partículas erosionadas como el limo, la arcilla y la arena. De acuerdo a su proporción y combinación, estos elementos pueden ser capaces de crear suelos con diversas características. En la tierra cada elemento tiene su valor, de allí que existan suelos más fértiles para la siembra.

Suelos arcillosos
Ideal para sembrar plantas y/o árboles como la melisa, el nogal, álamo blanco, fresno, alisos; por tratarse de organismos cuya raíz crecen en dirección hacia las zonas más profundas en busca de aireación; pues este tipo de suelo, además de poseer valiosos nutrientes, tiende a retener agua y formar charcos, por lo cual se hace difícil la oxigenación. Compuesto por un 45% de arcilla y granos finos de color amarillento, su baja porosidad hace que presente dificultad para trabajarlos.

Suelo de turba
De color marrón oscuro o negro, retiene de forma óptima la humedad; lo que lo convierte en excelente opción para el cultivo de todo tipo de semillas. Al igual que el suelo arcilloso, este posee un alto contenido de nutrientes y agua, lo que lo hace perfecto para retener el vital líquido durante el período de sequía, sin embargo una vez drenado también es adecuado para la siembra. De suave textura, este tipo de suelo suele proteger las raíces de en época de invierno.

imageSuelos arenosos
Su textura áspera y seca lo convierten en uno de los suelos con las peores cualidades para la agricultura, no retienen el agua, por ende tampoco los nutrientes y las partículas que lo componen (más grandes que la de los demás suelos) están muy separadas entre sí. Sin embargo una de las características que lo hace idóneo para la siembra de palmeras, eucaliptos, pinos, cipreses y aguacate es que llegada la primavera controla mejor la temperatura, lo que lo hace más cálido.

Suelos salinos
Se encuentran mayormente en regiones secas y no son suelos apropiados para la agricultura, pues su elevado contenido en sales influye de manera negativa en el desarrollo de las plantas, haciendo que éstas almacenen grandes cantidades de sal en las raíces y sean de aspecto “débil y raquítico”. Estos suelos poseen un sistema de drenaje de sal inadecuado para “lixiviar la sal de la tierra o la que proviene del agua”. Algunos suelos contienen una cantidad de sal moderada que a veces puede ser pasada por alto. “Su valor de Ph saturado es siempre menor a 8,2”.

Suelos limosos
De color oscuro, rico en nutrientes y pedregosos, son sólo algunas de las características que presentan este tipo de suelo, los cuales tienen la capacidad de retener el agua por un lapso prolongado. “Los limos se componen de una mezcla de arena fina y arcilla que forma una especie de barro junto al lodo y restos vegetales”, lo que lo hace más suave en comparación con los suelos arenosos. Su presencia está mayormente en los lechos de los ríos.

Por sus características, es importante conocer cada tipo de suelo y en esencia el suelo que será destinado a la agricultura; a fin de determinar sus propiedades y beneficios al momento de sembrar. Esta acción a fin de cuentas repercutirá en la cosecha de un producto con altos estándares de calidad y una mayor naturaleza comercial.

Con información del portal electrónico www.tendenzias.com

Redacción: Tatiana Pérez

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